En el tan esperado viaje en tren, Miki se sintió incómoda cuando una mano le tocó las nalgas. ¿Sería…? Aunque pensó que era solo una coincidencia, la mano se deslizó bajo su falda. En el momento en que se dio cuenta de que era el objetivo, el miedo la invadió. Su cuerpo se tensó y ni siquiera pudo emitir un sonido. Incapaz de resistirse, permitió la intrusión en su zona más sensible, y Miki llegó al clímax allí. Pero unos días después, Miki volvió a subir al tren donde la esperaban esas personas. La humillante experiencia grabó un placer inolvidable en su cuerpo.