Aya Tanaka, quien aspira a convertirse en una ídolo, usa su cuerpo para servir a los demás y conseguir trabajo. Durante una sesión de fotos para una revista, el fotógrafo, con el pretexto de darle instrucciones, la obliga a posar de forma lasciva. Las exigencias cada vez más excesivas del fotógrafo lo llevan a exigirle sexo oral, e incluso la lleva con un productor, usando el trabajo como cebo para que se acueste con él.