Un viaje solo para nosotras dos, el cuerpo de Azumi era mi juguete... Un pequeño agujero lascivo que eyaculaba profusamente con el más mínimo roce. Unos pechos grandes que dejaban que mis dedos se hundieran en ellos mientras los amasaba. Estimulaba sus pezones hasta que se erguían, y luego, con cada respiración, tenía una sesión de amor apasionada e intensa con Azumi... No importaba cómo la tratara, su cuerpo y su alma se sometían...